
Detrás de ene-esencia
Dibujo desde que pude tomar un lápiz.
Crecí viendo a mi mamá dibujar y pintar mientras estudiaba diseño, y fue ella quien me enseñó a usar los lápices y a encontrar en ellos una forma de expresión.
De niña dibujaba en todo: cuadernos, libros, incluso en la piel. A los 16 años intenté dejarlo para concentrarme en estudiar. Cuando volví a dibujar meses después, me di cuenta de que había perdido práctica. Las ganas seguían intactas, pero entendí que no quería volver a alejarme de algo que me hacía tan feliz.
Desde entonces dibujo y pinto cada vez que puedo.
No estudié arte. Mis obras nacen desde la intuición, con color, energía y amor. Me gusta pensar que, en un mundo cada vez más neutro, plano y atravesado por la tecnología, todavía hay espacio para cosas creadas lentamente, con dedicación y con algo de quien las hace.
Si mis obras logran entregar un poco de alegría y color, para mí eso ya es suficiente.
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